martes, 29 de marzo de 2005

Bukowskianadas

Estoy pensando escribir fragmentos de textos de Bukowski, algo así como las Citas citables del Selecciones, pero del viejo indecente.

Podría empezar con una parte de uno de los primeros poemas que leí de él y que se llama "El secreto".

No hay hombres invencibles
ni mujeres bellas
si al morir sabes al menos esto
habrás logrado la única victoria posible

domingo, 27 de marzo de 2005

Escritores superstars

Pocos personajes llaman mi atención tanto como los escritores. Mejor dicho: como mis escritores favoritos.
Me gusta asistir a las presentaciones de sus libros o a los actos donde ellos presentan otras obras.
En marzo de 2003, yo hacía prácticas en El Universal, y una tarde de primavera vi que Luis Eduardo Aute presentaría su cortometraje intitulado "Un perro llamado dolor", en el Centro Cultural España que está en la calle de Guatemala, atrás de La Catedral. Liliana no podía asistir porque en ese tiempo trabajaba todo el día, así que fui con Eric.
Proyectaron la obra, que vimos de pie porque los pocos lugares que improvisaron estaban llenos y esperamos al final, ya que teníamos hambre y al parecer darían vino y bocadillos.
Desde que llegamos al lugar, yo me percaté que en las primeras filas estaba Xavier Velasco, quien días antes, no recuerdo bien, incluso pudo haber sido ésa misma semana, acababa de ser nombrado el ganador del Premio Alfaguara de Novela 2003 por la ídem Diablo Guardián.
Por supuesto que aún no era famoso, como lo es ahora, nadie se percató de su existencia, salvo los que lo conocían, entre ellos yo que por azares del destino había leído su primer libro publicado, Luna llena en las Rocas, y porque lo leía en un suplemento que antes aparecía los viernes en Milenio Diario y en otras publicaciones, creo.
No lo saludé, pasó junto a nosotros, con una bella mujer. CNI le hizo un Realidades donde va en un auto por Insurgentes y narra la forma en que escribió la novela y quién se la inspiró, es un programa entrañable, al igual que el libro.
Meses después pude (pudimos, también estaba Liliana -te amo- y Angulo) hablar con él. Fue una charla amena, bebimos vino, no les voy a decir dónde, y me siguió pareciendo un tipo inteligentísimo, ameno, irónico, irreverente. Chale, parece la descripción de cualquiera de mis amigos...

lunes, 21 de marzo de 2005

Codicia y envidia

Hoy, 21 de marzo, es un día aburridísimo. Estoy en la redacción, en Ciudad, y si no fuera por el Primer Informe Trimestral de AMLO (mejor pondré Andrés Manuel López Obrador para que caigan más visitas a mi blog) el día estaría más huevón que Vicente Fox.
Leyendo otros blogs me doy cuenta que el mío es aburridísimo.
Se acerca mi cumpleaños (el 4 del mes 4) y el regalo que pensaba obsequiarme parece ser que se agotó. Era el libro Paso del Nortec: This is Tijuana (incluye DVD) del Colectivo Nortec. Pero según el catálogo de Gandhi, ya no lo hay.
A Liliana (que ya se quejó por esta página y hasta realizó un análisis de contenido para darse cuenta que su nombre sólo está escrito 4 veces y lo confrontó con los de "otras" personas que aparecen más que ella) le regalaron dicho libro los del Instituto Mexicano de la Juventú.
Cuando le dije que yo ya había pensado en comprármelo, no me creyó y hasta me tachó de envidioso y egoísta de libros.
No lo negué, pero por querer hacerme el mustio, no compré ese libro a tiempo... quería dejar pasar unas semanas.
Pero no me preocupa tanto.
Si encontré el mismísimo Pasto Verde de Parménides García Saldaña, "Par" o "Parme" para los cuates, no creo no conseguir el del Nortec.
Fue tanta mi obsesión por el Pastuco Verde que hasta 2 ediciones diferentes 2 encontré. Y por si lo preguntan: No. No lo vendo ni lo presto.

domingo, 13 de marzo de 2005

El día de la familia

En México, lo sabemos, nada escapa a la ironía.

Hace poco se instituyó el Día del Peatón, y durante ese día, atropellaron a varios transeúntes. Recuerdo la portada del periódico METRO: ¡En su día! Haciendo referencia al suceso.
Algunos años atrás, el 7 de junio de 1999, Día de la Libertad de Expresión, asesinaron a un locutor. Aunque no fue por motivos periodísticos, este día fue el último para Paco Stanley.
El domingo pasado, medios de comunicación y empresas decidieron imponer e instaurar un nuevo día de "celebración": El Día de la Familia.
Durante la mañana de este día, que para los organizadores tendría que ser memorable, soleado, con mariposas y aves en el cielo del DF, (h)ojeo el METRO y en una de las páginas interiores veo una noticia propia de la peor (o mejor) serie de humor negro: SE SUICIDA FAMILIA EN AGUASCALIENTES.
No es broma. Los incrédulos pueden ver la información aquí.
Por la precaria situación económica, la familia Flores Gutiérrez decidió quitarse la vida. Un pacto, un secreto, una alianza de ésas que sólo se dan al interior de las familias ejemplares.
Unos días antes, el Presidente de muchos de ustedes, un ser despreciable, estúpido, imbécil, ignorante, estuvo con su nieto, a quien osa en llamarle "Vicentillo III" en Six Flags, ante la mirada incrédula del conejo Bugs y otros seres de los cartoons.
Diferentes formas de festejar el pertenecer a una estirpe.
Mi familia, como la primera que se menciona, estaría más cerca de Los Simpsons, de la de Malcolm e incluso hasta de los Manson que de la de Los Pinos.
Y la verdad, me doy de santos...

Prólogo del libro 'Borracho'

Una mañana con Bukowski
Eusebio Ruvalcaba*
Lunes, 18 de octubre de 2004


Me habría gustado sentarme una mañana a escuchar música con Bukowski. Una mañana, porque por las mañanas dan más ganas de violentar las cosas -es cuando las mujeres engañan a sus maridos (bueno, cualquier hora es buena para engañar a un marido, pero en las mañanas las cosas son más drásticas, algo así como desollar un french poddle en plena claridad matutina, delante de las mamás paseando a sus hijitos en carreola); cuando los hermanos espían a sus hermanas por el ojo de la cerradura (o las hermanas a las hermanas, o los hermanos a los hermanos, cada quien), cuando papá se va para no volver nunca.Tendría que estar preparado. Nadie puede negar que por las mañanas se antoja una cerveza helada, tal vez para salir de ese estado de estulticia en que solemos despertarnos los mortales (sobre todo porque, también por las mañanas, se estudia y se trabaja, se va por el pan y se lee el periódico, una pendejada tras otra; hay que cubrirse, pues, las espaldas, y una cerveza es ideal para esto). Aunque no bastaría con chelas; tomando en cuenta las preferencias del maestro Bukowski, tendría para él -para él y para mí, quiero decir, porque no me iba a quedar nomás mirando- cuando menos media docena de botellas de Chateau Pichon (una docena es mucho, tampoco iba a estar de acuerdo en que se quedara a dormir en mi casa, al rato iba a amanecer en la misma cama con mi mujer y conmigo); quién sabe cuánto iba a prolongarse el encuentro -que, por otro lado, y no he mencionado lo mejor, iba a tener por protagonistas a dos emes: Mozart y Mahler, favoritos del viejo; míos no, nomás Mozart (Mahler es demasiado farragoso, para intelectuales).Entonces hablaríamos de todo, menos de literatura; así imagino las cosas. Le confesaría algo: que me ha influido como hombre, no como escritor. Y que eso es importante. Para mí. Que en el caso de la literatura, siempre he creído en la fascinación que un hombre ejerce en otro, pero más por la vía de la existencia misma que por la del precepto literario. Pues generalmente los escritores resultan más aburridos que una vaca a punto de parir, zafios y pagados de sí mismos. Creadores de superficialidades a las que llaman (ellos mismos las llaman así) obras maestras, además de que la susodicha influencia entre escritores tiene más de trampa neuronal que de realidad. Y enseguida le preguntaría por qué tenía que agarrarse a madrazos tiro por viaje -en la vida real y en el guión-, que si era un modo de probar su hombría o de dejarse influir por el güey con el que se madreara. ¿O lo verdaderamente importante es el acto de madrearse?; a lo mejor encontraba un vínculo entre los puñetazos y las palabras, no, esto ya suena a choro. Quién sabe si tuviese algún sentido preguntarle esto; pero aunque no le gustara no habría problema alguno: si algo distinguía a Bukowski era, pese a lo que se pudiera pensar a primera vista, la educación.Basta con leer este guión, en que Bukowski está de cuerpo entero, en que se vació como en una gran eyaculación, tal vez la última de su vida. Atrás de todas sus locuras, atrás de todo el desmadre que arma, de sus provocaciones y de sus atropellos, siempre se topa uno con un hombre educado, si por educación entendemos el forje del espíritu. Entre los caballeros de la mesa redonda y él no hay la menor diferencia: mientras que aquéllos iban en busca del Santo Grial, Bukowski va en pos de algo más difícil de obtener: la dignidad, precisamente un tema del que muchos hombres prefieren ni hablar.Creo que la lectura de este guión deja varias lecciones. (Vamos por partes: con todo respeto -no, sin respeto alguno-, pero hay un solo punto en que los guiones superan a las películas, y es que nadie les ha metido mano, nadie los ha violado hasta las entrañas, como suelen hacer los cineastas con todo su equipo de carniceros, y no creo que haya uno que se salve.) La primera lección es el espíritu de derrota que anima al protagonista (Henry Chinaski), y que lo hace crecer ante nuestros ojos; de eso precisamente nos enamoramos de él, porque qué hueva los triunfadores (si tú te consideras un triunfador, regala este libro al taxista, al mesero o a la fichera más próxima, o de plano tíralo a la basura, en cualquier lado estará mejor que en tus manos), hay que sacarle la vuelta al triunfo si queremos conservar intocable el sarro que protege nuestros caños. Cuidado con dejarse llevar por esa finta del destino. De las más siniestras. Porque nunca vas a tener para pagar la factura. La segunda lección es la humildad. Y por alguna razón -ignoro cuál, soy lector profano y al cine casi no voy, excepto si voy con una amiga que me haga el típico favor-, por algún motivo que desconozco, la humildad queda más clara en el guión que en la película. Eso me encanta del personaje protagónico, que la humildad lo empuja y lo regresa, una especie de tequila blanco con cerveza, que es como un émbolo en su corazón, en el corazón de Chinaski, que tantito sube y tantito baja. Eso deberían tenerlo muy claro los escritores, aquellos cuyo émbolo se quedó paralizado en la subida. (Y cito de vuelta a los escritores porque es el gremio que tengo más cercano, y contra el cual Chinaski se lanza a matar en el guión; no en balde se acuesta con su editora, luego de bajarle, naturalmente, una botella de whisky; pero lo sublime es que se la lleva a la cama para deshacerse de ella. Una táctica muy bukowskiana.)Y la tercera y tal vez la última -uno nunca termina de extraerle lecciones a las cosas- es la de la congruencia. Porque vaya que si este hombre es congruente consigo mismo (bebe como escribe, y escribe como bebe), lo cual provoca que la gente alrededor, la gente que se cruza con él en la banqueta, la gente que llama a la puerta de su casa (si es que esa cloaca puede llamarse casa, que es como una madriguera para filósofos; más bien debería llamarse fortaleza), esa gente que se topa con él se sumerja en las aguas pantanosas de la incredulidad o de plano se santigüe nomás de verlo pasar. (Más de una madre, o más de un padre, el típico estadounidense fofo, esos nerds clásicos, que lo mismo son premios Nobel que malandrines inventores de nuevas religiones, con los ojos sin pestañear y vueltos al cielo, han de haber agradecido cuando Bukowski murió; adiós esa mala influencia, hasta la vista ese beodo, ciao.) Pero más mujeres que hombres porque en efecto las sabía tratar. Ya lo dije: las dejaba subir hasta arribita y de pronto les quitaba el banquillo. Y aun madreadas lo seguían adorando. Sabían con quién estaban hablando. ¿O será que a las mujeres les gusta la mala vida? Nada nuevo en todo caso, como nada nuevo bajo el sol. Como este guión mismo, un furúnculo más en la obra del viejo.

*Prólogo al guión Borracho de próxima aparición en Editorial Nula
(Tomado de El Financiero, de la Columna del propio autor llamada Con los oídos abiertos)

sábado, 12 de marzo de 2005

Bukowski y Ruvalcaba

Ayer fui a la presentación del libro Borracho que es el guión cinematográfico de Barfly escrito por Bukowski. Lo edita Editorial Nula y fue presentado por Guillermo J. Fadanelli, Carlos Martínez Rentería y Eusebio Ruvalcaba. Hubo un cuarto presentador quien dijo ser el director de la película Por la libre, pero tan insulsa resultó su perorata que no vale la pena ni escribir su nombre porque además ni siquiera lo recuerdo.
Fadanelli, que no es tan santo de mi devoción, aunque no me desagrada, se la pasó citando a Bukowski y a otros autores, frases que tenían que ver con la escritura, la vida y el alcohol.
Martínez Rentería, editor de la Revista (de)Generación (las cursivas y paréntesis son míos), con su característico tono de voz, a punto de quebrarse por lo ebrio, alabó la actitud ante la vida del "viejo indecente" y además llevaba unos ejemplares de libros de Bukowski que al final ofreció por 50 pesos cada uno, o incluso estaba dispuesto al trueque.
"Si alguien trae una grapa de cocaína, se la intercambio", dijo el peculiar personaje y también columnista de La Jornada.
El maese Ruvalcaba leyó el prólogo --escrito especialmente por él-- del libro de marras.
Ruvalcaba me cae muy bien, no sólo como escritor, sino como persona. Incluso creo que físicamente es muy parecido a Eric, claro, con 30 años de más. El carácter también me parece similar, un tipo callado, nada protagonista, incluso pareceria, igual que con Eric, que trata de pasar desapercibido ante los demás.
El prólogo que menciono es noble y humilde. Yo ya lo había leído hace unos meses, pues Ruvalcaba lo publicó en su columna semanal de El Financiero. Eusebio, en este texto, se desnuda, pero mejor lo copio y reproduzco. Digo, pa qué poner palabras tan lindas en mi boca cuando no son mías. Quién fuera Ruvalcaba para haber ganado el Concurso de Cuento Charles Bukowski convocado por Anagrama.
Al final del acto, ofrecieron vino para celebrar la también aparición del sello editorial que publica Borracho, Editorial Nula --a la que pienso llevar mis cuentos, jeje--, pero había tanta gente, todos con cara de dipsómanos emuladores del H. Chinaski, que decidí escabullirme y auspiciarme los tragos yo mismo. Además --ya tuve una experiencia similar--, no es sano, ni bueno, ni normal, ni natural, estar reunidos más de 3 lectores de Charles Bukowski en menos de 50 metros cuadrados.
Fui al célebre Salón Corona --Bolívar 24, Centro Histérico, frente a El Borceguí, donde de niño mis padres me compraban mis zapatos--, consumí una torta de ternera --ya se habían terminado las de pastor y pierna adobada--, una de lomo con rajas y un taco de rellena --sé que es demasiado, pero sólo traía un jugo de naranja en el estómago-- y cuatro tarros de cerveza de barril oscura.
En silencio, brindé por Bukowski y Ruvalcaba, extraños personajes que no merece este mundo. Le pedí al dios de los escritores que ojalá algún día los junte para que platiquen de música clásica en el cielo de los ateos.

jueves, 10 de marzo de 2005

Soy un nostálgico de mierda (o The Wonders Years) I

Hace rato vi que una caja iba a ser tirada a la basura. Sólo faltaba que llegara el camión para que se la llevara, es decir, estaba en la fila de la muerte, como las reses en el matadero.
Llegaba yo a mi casa en bicicleta, después de haber ido al mercado. Y ahora que lo visualizo, me llegó a mi mente la imagen de Kevin Arnold (con su carita de pendejo) ataviado con una chamarra de los Jets de Nueva York, en su bicicleta rodada 20 con canastilla en el manubrio (de niño y adolescente yo le decía manublio, no sé porqué, quizá por pendejo).
Miré fijamente la caja y dije: "Tú y yo nos conocemos". En efecto. La abrí y contenía algunos libros de texto de la secundaria y prepa, y cuadernos y folders con documentos míos de aquella época.
De sobra es conocida mi afición por guardar todo tipo de documentos, desde una hoja hasta un periódico que yo considere pertinente e importante almacenar porque en algún momento dado me podría servir. Así las cosas, mi cuarto parece un archivo muerto y he pensado en mudarme a la habitación de mi hermano porque ya no quepo aquí.
El chiste es que como tenía tiempo de sobra me puse a revisar el contenido de esa cajita infeliz y ¡oh sorpresa!, encontré algunas fotos, textos seudoliterarios míos y otros documentos y gacetas de la Prepa 3 que por las fechas y estado físico, me hicieron sentir viejo, triste, al borde del llanto.
Pero vámonos por partes, como dijo el descuartizador.
Fotos. Fotos. En este mundo casi no existen imágenes mías plasmadas en papel. Salvo las de la infancia, donde yo no podía impedir que las hicieran, hay un gran vacío fotográfico respecto a mí. Sólo hay algunas tamaño infantil, cartilla y una que otra de alguna fiesta o reunión.
Al principio, mi negativa a ser retratado tenía que ver con mis complejos e inseguridades, pero después me di cuenta que las imágenes o retratos de las personas no sirven más allá que para conocerlos "de vista". Mira, éste era tu abuelo.
De las cinco fotos que encontré, tres corresponden a una práctica de campo en Hidalgo, en Los Prismas Basálticos, para ser precisos, concisos y macizos. En ella aparece parte de mi grupo del primer año de prepa, el 401. Y digo parte porque ni el Marte, ni el Ejote (ahora también llamado Metrosexual) quisieron ir a ese viaje por codos y mamones.
Las otras dos fotos corresponden al segundo grado de secundaria y en ellas aparece Iris Jacqueline Perea López (no sé si se escriba así el nombre Jacqueline o Jaqueline o Jaquelín o Yakelín), que en esa época me gustaba muchísimo. Las fotos se las tomó una amiga que teníamos en común y me las dio. Por cierto, nunca supe más de ella, ya que pertenecía a una generación anterior a la mía. Sólo me enteré que entró al CCH Vallejo, mientras yo tenía que cursar el tercero de secundaria y se perdió de mi vida...
Por cierto, en esas fotos qué delgado estaba yo.
Pero decía que a mi parecer las fotos no sirven de mucho, incluso suelen ponerte triste, enojado, decepcionado y muy pocas veces, feliz. Revisando los cuadernos contenidos en esa caja, me di cuenta que si alguna vez tengo un bisnieto, podría conocerme mejor a través de mi letra, mis textos, mi desorden, mis libros, mis revistas, mis discos, mis películas, que el sólo hecho de verme en una foto. Por eso no tengo fotos.
Textos. Textos. Cuadernos. Textículos. Gacetas. En la caja, como ya mencioné, había varios cuadernos viejos. Unos eran de la secundaria, otros de la prepa. Me llamó la atención el de una materia que se llamaba México en el Mundo Actual (sí, no mamen, así se llamaba), donde yo pasé gracias a mis conocimientos de historia, abrevados de los libros de Rius.
Pero en los que encontré verdaderas joyas invaluables (invaluables: que no tienen valor alguno, salvo para mí) fue en los cuadernos de la prepa. Había uno donde escribía de atrás para delante, con letra ininteligible, porque todos los viernes llegaba borracho a mi casa de noche y me ponía a escribir, cual Bukowski "de segunda del tercer mundo".
Me sonrojé tanto al ver algunos textos que le escribía a "La Princesa" --una adolescente que me gustaba demasiado pero que como siempre en esa época nunca le hablé, además ella iba en cuarto año y yo estaba por salir hacia LA UNIVERSIDAD--, que me dieron ganas de quemarlo. Sólo rescaté una hoja que considero se salvaba, una especie de crónica de un día en la vida en la Preparatoria 3 "Justo Sierra" de la UNAM. Lo demás me daba pena propia.
Me deshice, con mucho esfuerzo --estuve a punto de subirlo a mi cuarto-- de mi cuaderno de Etimologías Grecolatinas, materia impartida por "el Prince" y cuyo conocimiento aprendido me ha servido en la vida diaria hasta la fecha. Por cierto, Angulo está de acuerdo conmigo en que las Etimologías deberían impartirse desde primaria y en todos y cada uno de los años escolares básicos. Así no habría tanto imbécil inventando palabras o balbuceando neologismos, anglicismos, barbarismos, y etceteracismos.
En cambio, no recuerdo cuándo fue la última vez que utilicé mis conocimientos sobre soldadura --taller que llevé en la secu "E.S.T. 99 Amistad Británico Mexicana" (llamada así porque el plantel original se desplomó en el temblor del 85 y la embajada de Gran Bretaña lo reconstruyó enterito. Por cierto, cada año la embassy mandaba a los mejores estudiantes a un intercambio con alumnos ingleses. No. Yo no fui. Nunca pude subir mi promedio de 8.3)--, como por ejemplo, en soldadura autógena --con tanques de argón y oxígeno-- hay varios tipos de flama, una, la oxidante --mayor cantidad de argón que oxígeno-- puede cortar metal, como la escena repetida hasta el cansancio en series y películas donde con un soplete abren cajas fuerte.
Por último, encontré publicaciones como Gaceta UNAM, Gaceta ENP, y Humanidades. Recuerdo que cuando las leía en la prepa y veía tantas actividades, cursos, talleres, películas, anunciadas y casi todo en CU, pensaba que al llegar a la Universidad no me perdería de nada.
También, encontré una especie de gaceta desplegado publicado por la UNAM sobre un paro de actividades con su respectiva toma de Rectoría que aconteció dos días antes de dicha publicación. Estoy hablando de 1995, es decir, no había todavía CGH.
Un día antes, estábamos en clase de Biología, con la profesora "Decrépita" --apodada así por el Marte--, cuando algún administrativo de la prepa llegó al salón y nos pidió que firmáramos unas hojas en protesta del paro y la toma de Rectoría. Todos firmamos, según vi en la publicación qué sí guardé, menos Óscar el "Milhouse" que ese día nos aconsejó no firmar porque era una manera de control y represión a las protestas de los estudiantes.
Debo reconocer que Óscar siempre ha sido el mejor informado de todos, y desde esos años lo demostraba...